Tantán pumpúm. Tantán pumpúm. ¡Son las onomatopeyas musicales! Tantan pumpúm. Tantán pumpúm. Son ideas sonoras simples. El uso básico de un ‘drum machine’. ¿Cómo hacer para ir más allá de lo básico? Pensar en cosas diferentes, interesantes. ¿Qué es algo interesante? ¿Qué es algo creativo? Una mente pobre no se hace esas preguntas. Una mente pobre sólo se preocupa por comer, dormir, ver televisión e ir al baño. No más. (Pido un espacio para pensar) En la luna no hay gravedad. O sea que uno vuela. Tantán pumpúm, tantán pumpúm. En la luna uno vuela. ¿Es la vida una cosa exclusiva de este planeta? ¿Quién se inventó la música, para ir y darle un abrazo? Tantanpúm tantanpúm. ¿Quién se inventó el Bom Bom Búm? ¿Por qué el mundo no puede ser un gran país?
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Hay cueritos alrededor de algunas de mis uñas. Me da cosa arrancármelos porque duele, y las heridas superficiales son las más molestas. Me corté mi dedo índice izquierdo intentando abrir una lata de atún. Uy Juan, pero usté si es mucha güeva, esas latas de ahora traen una llavecita. Sí, pero resulta que siempre se me parten porque les hago más fuerza de la necesaria, entonces me veo en la obligación de abrir la lata por otros medios. Agarré un cuchillo y desprendí una parte de la tapa, quise quitar el resto con el dedo, y ahí me corté. No lo sentí de inmediato, pero la sangre comenzó a brotar y un par de gotas cayeron al piso. Agarré un pedazo de scott cocina, que llaman, y las limpié, para luego hacer presión en mi herida, y arreglármelas para sacar el atún de la lata por el espacio que había logrado abrir, y echarlo en el plato. Uy Juan, pero usté si es mucha güeva, para eso están los abrelatas. Sí, parce, ¡pero no estaba en la actitud de buscarlo! Lo peor es que tenía el presentimiento, llamé al accidente. Tuve que hacer maromas para comerme el arrocito, porque no podía agarrar bien la cuchara. Además tenía que mantener la herida presionada para parar la sangre. Hoy aún me molesta, pero ya está como cerrada. Siento unas palpitaciones ahí. Le cogí rabia a las latas de atún y a sus llavecitas que se desprenden con nada. Tengo que cortarme las uñas. ¿Y usté por qué me cuenta todo esto, Juan Carlos?
¿Aló?
¿Aló, Juan Carlos?
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Hoy escribo para compartir mi felicidad. Esta última semana ha sido una de las más maravillosas. Ser paciente tiene su recompensa, definitivamente. Y no tengo palabras para describir este sentimiento que me embarga. Sólo puedo decir que es muy bonito sentirse así después de tanto tiempo, después de todas esas largas noches, de todas las lágrimas, de todos los desencantos. Estoy inmensamente agradecido con esta oportunidad que el destino me está dando. Es magia, y haré todo lo que esté a mi alcance para mantenerla viva siempre. De verdad, no hay palabras. No quiero pensar más, sólo quiero hacer de cada momento a su lado el más especial de todos.
Tal vez sí hay una palabra: gracias.
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Siempre hay luz al final del túnel.
Hoy, el destino me sonríe.
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(Me inventaré la vida que no tengo.)
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Debo escribir más seguido. Escribir escribir y escribir sin pensar tanto. Inventar sin vergüenzas ni miedos, sea o no ridículo lo que salga de mí, guste o no guste. Hay que inventar más, que la inspiración no llega. Es cuestión de actitud, de agarrar una palabra y empezar desde ahí, sin mirar atrás, sin volver a leer, sin corregir. Si no me atrevo a ser arriesgado viviendo, por lo menos intentaré serlo al escribir, así no lo parezca.
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El pequeño alien amarillo emergió, hace mucho tiempo, de las profundidades del yogurt. De repente desapareció, y cayó en el olvido. Los años pasaron, y milagrosamente fue encontrado, atrapado en una cajita forrada con tela. Una vez logró liberarse del polvo, se postró en mi repisa, donde acompaña al Guasón, a Batman, a Robin y a Supermán. Ellos se han convertido en sus amigos. Él nada más los mira, si decir una sola palabra. Y también me mira a mí, cuando estoy en mi escritorio, con una leve sonrisa en su rostro.
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Ve despacio, pequeño amigo. Ve despacio. Respira profundo. Siente cómo cada paso se hunde en la arena, y cómo cada acorde llega a tus oídos.
El piano es el instrumento más bonito que hay.
Conoce otros universos. Viaja. Descubre. Para eso tienes vida, pequeño amigo.
¿Quién soy yo? ¿Quienes son ellos? ¿Son mentirosos los sentidos?
No desesperes. Deja que la música llene cada rincón de tu cuerpo.
Volar. Volar. Volar.
Cómprate un avión, y juega con los botones de la cabina. Y cuando se dañe el aparato, acompáñalo en su caída. Vuélvete añicos con él, y vuelve a volar convertido en nube. Deja que el viento dicte tu rumbo.
Entonces me uniré con el viento, y los pájaros en el cielo serán mis amigos. Pero, ¿lo sabré? ¿Sentiré siendo el aire?
Vive. No te atormentes. Volverás a caer, siendo lluvia. Verás que todos huyen. Los humanos, como los gatos, le tienen miedo al agua. Por eso usan sombrillas.
La ropa pesa, y la gente se enferma de neumonía. Y las medicinas dejan de hacer efecto. Y llega la muerte.
Y volarán, así como lo hiciste tú. Pero no en avión. Volarán porque alguien los llama.
¿Serán felices cuando llegue ese momento? ¿Serán felices cuando llegue ese momento?
Sus alegres lágrimas formarán nubes, y lloverá nuevamente.
¿Y el piano? ¿Qué pasará con él cuando no existan más personas?
Las gotas llegarán hasta él, y la música no morirá.
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Shh. Escucha. Escucha tus dedos teclear y corregir tus errores de digitación. Escucha las risas que vienen de afuera. Escucha el tráfico, los aviones, los ladridos perrunos. Escucha tu respiración. Escucha los clicks del ratón, y el sonido que hace tu camiseta cuando te rascas los brazos, y el roce de tus manos con tu cabeza. Escucha tu propio silencio, pues tu boca ni pronuncia una sola palabra. Escucha cada movimiento de tu cuerpo mientras se acomoda en la silla. Escucha la música que recuerdas.
Este es tu universo. Debes tenerlo presente. Es lo que tienes, es lo que te espera, es lo que eres. Está aquí para que sigas descubriendo sus secretos. Mucho hay por conocer, amigo mío, mucho hay por conocer. Por eso estás, por eso eres. No dejes de vivir, no dejes de imaginar. Has de este universo lo que quieras que sea para tí. Sigue navegando y no mires atrás. Mucho hay por conocer, amigo mío, mucho hay por conocer.
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