Soy su sueño. Sueño solo. Sueño sin sentido. Sentado. Siento su ser. Soy suyo. Si supieras, Soledad. Soy sentimiento, sonido, sensación, sabor. Sus sentidos se sumergen. Soles suben. Sismos sacuden. Siniestra sonoridad. Saltamos. Suceso sublime. Sangre, sonrisas sutiles. Sexo salvaje. Sonrisas suaves. Sinceridad. Sálvame, Soledad. ¡Sálvame! Sombras sigilosas siguen. Soy sufrimiento. Sigue soñando, Soledad. Sálvate. ¡Sal! Solo seguiré. Soy semilla. Soy sendero solitario. Subterráneo. Superficial. Soy sabiduría. Soy sosiego. Soy Soledad.

I love you.

Enero 31, 2010

¿Y ese man qué?

Enero 31, 2010

Eso me pregunto yo cada vez que voy llegando a la ‘oficina’ (verán, yo trabajo con un man que me dictó clase, y tiene acomodado su apartamento como lugar de trabajo. Por eso las comillas). Hay un señor ya de edad, con pinta boyacense, que se la pasa (casi) a toda hora sentado fuera del edificio. Se queda ahí, viendo a la gente pasar, mientras el tiempo pasa. Yo ya lo había visto antes, pero sólo hasta ahora me dí cuenta de su rutina. ¿Es que acaso a ese señor no le dan ganas de ir al baño? ¿No desayuna, no almuerza?

Lo digo porque un día tuve que ir temprano a trabajar. Llegué a las 9:30 a.m. y el señor ya estaba por ahí sentado. A las 2:00 p.m., que bajé a abrirle la puerta a un compañero, todavía estaba ahí. ¿Qué pasará por su cabeza? ¿No sería mejor, dada su avanzada edad, que en vez de pegarse el paseo hasta Chapinero a aguantar frío, sol, hambre, chichí y popó se quedara en su casa? Supongo que no vive cerquita, además su salud no debe ser la mejor.

He visto que pide limosna a la gente que pasa por el lugar, pero es tan viejito que ni siquiera lo escuchan. Nadie le para bolas. O quién sabe, tal vez en alguno de los restaurantes de por ahí le regalen el almuerzo, o al menos una agüita aromática. En todo caso, me parece muy curioso, porque no tiene pinta de indigente. Sí se le nota el cansancio en su cara, pero su aspecto no es desaliñado ni nada por el estilo. No es un indigente. Por eso nunca le he dado una moneda. Por eso no me apiado de él, así suene muy hijueputa. Y no lo hago porque muchas de esas personas no son tan sufridas como uno cree. El vivo vive del bobo.